1. Entre las hojas de la noche
Oh que todo el amor propague en mí su boca, que no sufra un momento más sin primavera, yo no vendí sino mis manos al dolor, ahora, bienamada, déjame con tus besos.
Cubre la luz del mes abierto con tu aroma, cierra las puertas con tu cabellera, y en cuanto a mí no olvides que si despierto y lloro es porque en sueños sólo soy un niño perdido
que busca entre las hojas de la noche tus manos, (...)
Oh, bienamada, y nada más que sombra por donde me acompañes en tus sueños y me digas la hora de la luz.
2. Todas las aves del invierno
Cantas y a sol y a cielo con tu canto tu voz desgrana el cereal del día, hablan los pinos con su lengua verde: trinan todas las aves del invierno.
El mar llena sus sótanos de pasos, de campanas, cadenas y gemidos, tintinean metales y utensilios, suenan las ruedas de la caravana.
Pero sólo tu voz escucho y sube tu voz con vuelo y precisión de flecha, baja tu voz con gravedad de lluvia,
tu voz esparce altísimas espadas, vuelve tu voz cargada de violetas y luego me acompaña por el cielo.
3. Tus manos en mis ojos
Cuando yo muera quiero tus manos en mis ojos: quiero la luz y el trigo de tus manos amadas pasar una vez más sobre mí su frescura: sentir la suavidad que cambió mi destino.
Quiero que vivas mientras yo, dormido, te espero, quiero que tus oídos sigan oyendo el viento, (...)
Quiero que lo que amo siga vivo y a ti te amé y canté sobre todas las cosas, `por eso sigue tú floreciendo, florida,
para que alcances todo lo que mi amor te ordena, para que se pasee mi sombra por tu pelo, para que así conozcan la razón de mi canto.
(Pablo Neruda. from: “Cien sonetos de amor”)
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